23.1.17

Basta

Sabía que encontraría respuestas. Lo que no sabía era cuáles serían las preguntas.

Al principio todo era un caos. Contando mis planes a los amigos me descubría diciendo cosas contradictorias como: "quiero venir a vivir aquí otra vez, porque siento que alguna raíz se quedó por aquí enterrada" (cosa muy cierta) y poco después: "y estoy por firmar un crédito para una casa, porque me cansé de pagar alquiler y quiero que mi sobrino cuente con un lugar seguro para crecer".  Varios dijeron que una cosa no invalidaba la otra, después de todo, podría trabajar aquí y seguir pagando la cuota, alquilar el apartamento. Así pasaban mil ideas más o menos estratégicas por mi cabeza.

Después vino una nueva historia de esas que solo me pasan a mí porque solo mi propia locura es capaz de repetir una y otra y otra vez los mismos errores. Estoy bastante harta, la verdad. No es posible que siga echando a perder oportunidades por culpa de los mismos fantasmas (sí, los mismos que aparecen en este blog por todas partes). YA BASTA.

En medio de todo me ofrecieron un trabajo ahora mismo y dije no. También encontré que podía aplicar a un puesto que parecía diseñado para mi y dije no. Y entonces, iba yo más o menos decidida por el camino de "si queda algo de este país dentro de un año, vengo", cuando ocurrió una revelación, en un autobús, domingo en la noche: lo que me atrae EN TODO, es el drama; no sé cómo vivir sin mi dosis de drama (esa ya la sabemos, no es la revelación). La revelación es la siguiente: me tocó nacer en un país sin dramas, sin historia, sin la posibilidad de que una noche de domingo, en el autobús, te pongan una película en la que descubrís que uno de tantos nombres de calles o avenidas es otro de tantos héroes que han luchado con su vida por lo que consideraron justo. Y entonces, trato de sustituir esa falta de drama (falta como en LA falta) con mi propia vida pero también con el contexto en el que deseo vivir. Antes fue El Salvador ¿recuerdan? Y el mayor problema de eso es que entonces de fondo, siempre siento un desarraigo difícil de manejar y tal vez por eso, la posibilidad de una historia de amor que me haga transplantarme a un contexto de drama cotidiano se me haga tan atractiva. Y es ese mismo deseo de drama el que me hace destruir una por una las historias de amor posibles y convertirlas en historias de desamor, de tierra devastada, de presionar tanto el botón de lo posible hasta terminar por reventarlo, por abrir las compuertas de una represa que a veces se lleva amor, amistad y todo -como ahora- y me deja un arrepentimiento profundo, como pocas veces he sentido.

Pero entonces, la pregunta es ¿qué se hace ahora? Una posible respuesta es seguir tratando de sanar, a partir de esta nueva hipótesis sobre el drama. La otra, complementaria, será sublimar todo este rollo en novelas, más novelas. Terminar la que ya casi está lista para enviar a lectura y ¿quién sabe? destrucción o publicación y empezar otra que ya tengo un poco esbozada en mi cabeza. Creo que la tía Virginia avalaría este plan (sobre todo el segundo) y podría funcionar.

¿Venir dentro de un año a quedarme? No. No pienso continuar malgastando mis pasos en planes más o menos quijotescos que terminan por drenar mi esperanza y golpeándome en los moretones pasados. Al menos hoy, a esta hora y en esta tierra, mi decisión está tomada.







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